Ocurrió en una cafetería

Ocurrió en una cafeteríaCamino al trabajo, todas las mañanas Julio César se detenía en una pequeña cafetería para comer un buen trozo de pastel de zanahoria antes de llegar a su oficina. En ciertas ocasiones en las que veía que el dueño del local estaba desocupado, le intentaba hacer algo de plática.

Julio – ¿Sabe en qué estaba pensando don Roberto?

Roberto – Ni idea, pero por favor cuéntame.

Julio – Estaba acordándome de cuando conocí a Claudia, mi primer amor estudiantil.

Roberto – Ah, ya sé quién, la chica que conociste en primero de secundaria. ¿Y por qué vino a tu pensamiento el día de hoy?

Julio – Si se lo digo, me promete que no se burlará de mí.

Roberto – Por supuesto que no me reiré Julito, por algo somos amigos ¿O no?

Julio – Lo que pasa es que un día como hoy, pero de hace 12 años, fue la última vez que la vi.

Roberto – ¿Por qué perdiste contacto con ella?

Julio – Pues es que sólo estuvo dos años en el colegio y cuando uno es adolescente, no le da mucha importancia a cosas como pedirle el teléfono de su casa a su novia. Además, yo nunca he sido de las personas que hablan por teléfono. Lo que yo hacía era ir a su casa a visitarla por las tardes.

Roberto – Pues ahí esta ¿por qué no seguiste visitándola?

Julio – Muy sencillo, faltando tan sólo dos meses para salir de vacaciones de verano en segundo año, tuvimos una muy fuerte discusión cuando me invitó a ver una obra de teatro romántica. Ya desde el título la cosa pintaba mal, creo que se llamaba «Mi verdadero amor» o algo muy parecido.

Ocurrió en una cafeteríaLe dije que yo en mi vida iba a ver una obra tan cursi como esa. Entonces ella se molestó muchísimo y dándome un empellón me comentó que nuestra relación había terminado. Luego de seis meses sin saber nada de ella, fui a buscarla, únicamente para encontrar que su casa ya pertenecía a otra familia.

Pregunté frenéticamente a los vecinos y compañeros del colegio si alguien conocía el nuevo domicilio de Claudia. Lo malo fue que nadie me supo dar razón de ella.

Entonces como le comento don Roberto, ha pasado más de una década y no he podido olvidarla. Un pensamiento que tengo metido hasta la médula es «Y si las cosas hubieran sido diferentes». Paradójicamente creo haber dejado escapar a mi verdadero amor.

Roberto – No te mortifiques Julito, ya sabes lo que dicen «un clavo saca otro clavo». ¿O qué? Me vas a decir que no has salido con otra mujer en todo ese tiempo.

Julio – Sí, pero no he podido volver a sentir mariposas en el estómago.

Roberto – Caray, mira la hora ya casi son las nueve de la mañana. Creo que se te hizo tarde. Además perdona que te deje pero tengo que ir a atender a una clienta que acaba de llegar.

Julio vio el reloj y se levantó rápidamente de su asiento. Al voltearse rumbo a la puerta, pudo observar a una mujer que le pareció familiar.

– Esos ojos yo los conozco. Pensó.

Sin titubear fue hacia donde la dama estaba y le dijo:

– ¿tú te llamas Claudia verdad?

Mujer joven – Sí, bueno, nadie me llama así desde la secundaria. Actualmente utilizo mi segundo nombre, Elena.

Ocurrió en una cafeteríaLa chica hizo todo lo posible para evitar que Julio se diera cuenta de que ella también lo había reconocido, pero su estrategia se desmoronó cuando él la tomó de las manos.

Ese día ninguno de los dos fue a trabajar, pasaron el tiempo charlando.

¿Quién sabe? A lo mejor la chispa del amor se vuelve a encender.

Fin.

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