Obra de teatro La última justa

Obra de teatro La última justa

Narrador: Bábil observó cómo su señor entraba apresuradamente al establo. Aquel hombre de avanzada edad y de cuerpo magullado, vestía una gruesa armadura de color dorado. Con la ayuda de ambas manos, se quitó el yelmo y comenzó a conversar con su escudero.

Caballero: Vamos Bábil apresúrate, ya casi es mi turno y todavía ni siquiera le has puesto la silla a mi corcel.

Bábil: Señor, el caballo tiene herida una pata, dudo que pueda soportar la justa con esa lesión. Además, a usted le cuesta ya un poco de trabajo mantener firme la lanza. ¿Por qué no se retira de la competencia?

Caballero: No puedo retirarme, tengo un historial y una reputación que debo proteger. Bien sabes que en estos 30 años, nunca he perdido un desafío y dudo mucho que vaya a comenzar ahora.

Bábil: Le suplico me perdone por lo que dije anteriormente, es sólo que me preocupa que alguno de esos nuevos jinetes, no tenga piedad al momento de enfrentarlo y usted termine tendido en el suelo. Sus reflejos ya no son los mismos.

Caballero: ¿Me estás llamando viejo?

Bábil: Esa palabra jamás la usaría a usted, solamente me gustaría resaltar el hecho de que su cuerpo ya ha pasado por muchas batallas. Pienso que es un buen momento para decir adiós a esta práctica que tantas satisfacciones le ha dado. Además su familia se lo agradecería.

Caballero: Insolente, yo puedo alistar mis cosas. Te veré aquí cuando me entreguen el trofeo de campeón.

Narrador: El hombre de la armadura dorada le colocó la silla a su caballo y luego de varios intentos, por fin logró montarlo.
Bábil asomando unas cuantas lágrimas, no pudo evitar exclamar unas palabras…

Bábil: ¡No lo hagas padre te lo ruego!

Caballero: Hijo mío, sabes que te quiero pero salir abatirme en duelos es mi vida. Yo antes que nadie me veo al espejo todas las mañanas y observo que mi cuerpo me pide un descanso. Te prometo que esta será la última vez.

Narrador: el cuerpo sin vida del caballero dorado, apareció tirado en el suelo, apenas 15 minutos después de haber pronunciado ese pequeño discurso.

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