La leyenda del violín

La leyenda del violínHace años, mientras estaba comenzando la preparatoria, mi maestro de literatura me encargó que escribiera una leyenda mexicana corta.

Debo confesar que esa tarea no me dio ningún trabajo, pues conocía a la perfección la historia de la profesora Perla. Dicen que esa maestra era la persona más dulce y buena con la que te pudieras topar. Siempre tenía una sonrisa tanto para sus alumnos como para sus compañeros de trabajo.

Llevaba en el mundo del magisterio más de cuatro décadas ininterrumpidas. Los que la conocieron calculaban que tendría unos 70 años de edad. Al principio impartía las materias propias de un profesor titular (español, matemáticas, naturales, sociales etcétera), aunque con el correr de los años se fue especializando en otra disciplina; me refiero a la música.

Doña Perla tocaba el violín extraordinariamente, ya que en su juventud había sido enseñada por el profesor Pascualito Gutiérrez, muy famoso en Jalisco a principios del siglo XX.

Sin embargo, durante las clases de música, les enseñaba a los pequeños a tocar sencillas melodías en flauta dulce, pues es un instrumento económico y fácil de transportar.

Además de eso, se daba el tiempo necesario para interpretar alguna melodía clásica. Por ejemplo, estaban dentro de su repertorio las canciones de Agustín Lara, José Alfredo Jiménez y muchos más.

Desgraciadamente, una tarde de verano la muerte la sorprendió en su propia casa. Una de las hornillas de la estufa quedó mal cerrada, lo que provocó que el gas llenara gran parte de la vivienda. Cuando la maestra Perla encendió la luz, se creó la chispa que se necesitaba para que el lugar volara en mil pedazos.

Por otra parte, su violín que se había quedado en la sala de maestros, fue preservado tal y como estaba a manera de homenaje. No obstante, a los pocos días de que la profesora fue enterrada, se volvieron a escuchar las notas de ese pequeño instrumento de cuerda, sólo que nadie lo estaba tocando físicamente.

Eso nos demuestra que la música que llevamos en el alma, no muere sino que siempre acompaña a los que queremos.

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