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Algo extraño

Siempre me gustaba que mi mejor amiga, Raquel, me contara leyendas cortas mexicanas, esas de terror que supuestamente deben de dar miedo y aunque no me creía nada de lo que decía me gustaba el tono que usaba al narrarlas. A veces se trababa o se quedaba en silencio para recordar como seguía la historia pero era en esas pausas que yo analizaba lo que había dicho por supuesto ninguna tenían sentido, eran absurdas.

Tome algunas de las leyendas cortas de terror que me contó e intente escribir un cuento que tuviera sentido, me tome varios días para corregirlo y darle consistencia, no le dije nada a Raquel para que no se entrometiera y al final termine cambiando mi idea. Cuando al fin la tenía completa se la mostré para que ella lo narrará y me diera su opinión. Lo estaba leyendo y al finalizar se quedó muda por varios minutos.

  • ¿Qué pasa? –le pregunte ante su silencio.
  • Tiene que tener más suspenso, cosas de terror… ya sabes –respondió después de varios minutos –Como la del payaso ¿recuerdas?

Le respondí que sí, pero ese ejemplo de ella no me gusto porque la historia del payaso no tenía nada que ver con la mía. Se dice que el payaso era un vecino el cual en vez de hacer reír a los niños los entristecía es por eso que ya no lo contrataban. Era raro y decían que olía a carne podrida. Una vez lo encontraron con una bolsa que se le había caído y eran restos de una persona humana, llamarón a la policía pero él ya se había suicidado.

Ese día dormí en casa de Raquel, en su habitación, me desperté en la madrugada busqué a Raquel y la encontré junto a la ventana, me pare y fui hasta ahí, la toque pero ella se exaltó.

  • ¡No me toques! –dijo frenética
  • ¿Qué pasa? –respondí por su respuesta.
  • Correeeee –dijo Raquel.

No entendí pero salimos por la parte trasera de su casa, corrí en diferente dirección que ella, jamás la volví a encontrar.

Algo extraño

Lo anunciaron en televisión

Lo anunciaron en televisión

Jonathan vivía solo en un edificio de departamentos. Aunque tenía varios familiares, casi nunca los contactaba pues decía que le molestaba que siempre le refirieran las mismas cosas. Sus únicos compañeros inseparables eran varias antologías de leyendas de terror que había coleccionado.

También le gustaba poner la televisión en el canal ocho, ya que ahí todos los miércoles pasaba un programa de asesinos seriales y leyendas sin resolver. El capítulo de ese día trataba sobre el destripador de Jacksonville, un asesino que había conseguido salir absuelto de los nueve cargos que las autoridades le habían asignado.

En el reportaje periodístico dijeron que a que el individuo no se le ha visto por la unión americana en más de cinco lustros, pero que justamente en cuanto terminara la emisión de ese día, se cumplían exactamente 18 años de su primer asesinato.

La localización de donde ocurrieron aquellos actos de barbarie, se hallaban a unas pocas manzanas de la casa de Jonathan, lo que hizo que un millar de escalofríos recorriera su cuerpo sin cesar.

El programa de televisión avanzaba y el ambiente se ponía cada vez más denso. A tal punto que Jonathan tuvo que levantarse de su silla a prender la luz, pues el miedo que percibía era incontrolable.

Lo peor es que en el momento en que haber encendido la luz del corredor, alguien llamó a su puerta:

– ¿Quién está ahí? Preguntó Jonathan muy asustado.

– Soy yo, Freddy tu vecino ¿me podrías prestar mis llaves por favor? Las olvide en la oficina y no puedo entrar a casa.

A Jonathan le pareció rara esta situación, ya que Freddy se caracterizaba por tener una excelente memoria. Sin embargo, sin asomarse la mirilla abrió la puerta, sólo para encontrar que un extraño sostenía la cabeza de su amigo.

En la mano derecha del extraño, se observaba un cuchillo ensangrentado. Los demás fueron lamentos y alaridos, que quedaron registrados en las cámaras de seguridad del pasillo.

Desgraciadamente en el momento en que llegó la policía, el asesino de Jacksonville ya había dejado la escena.

Mi consejo es que no abras la puerta sin estar seguro de que detrás de ella se encuentra un conocido tuyo.

La mujer convertida en serpiente

La mujer convertida en serpiente

En Guatemala, los habitantes de Oxlack fueron testigos de un hecho sin precedentes. Una mujer, se convirtió en serpiente, es lo que dice la leyenda, aunque luego murió, dejando como resultado su cuerpo mutado con cuerpo de serpiente y cabeza de mujer. La silueta, tal como se puede apreciar en la imagen, se encuentra algo disecada pero de todas formas en buen estado, como para poder apreciar de que se trata.

Esta serpiente con cabeza y brazos de mujer, aún posee cabello y su cuerpo completo. Son muchas las personas que aseguran haberla visto con vida, las horas que permaneció viva en este cuerpo, otros dicen que murió y luego se convirtió en serpiente dejándonos este resto de ella.

La mujer, se trataba de una bruja quien hizo un pacto con el diablo para convertirse en una persona hermosa y exitosa, a cambio la misma dio su alma o su cuerpo cuando ya le quedase poca vida y aparece que esto ocurrió mucho más rápido de lo que ella hubiese querido. La bruja era consultada por muchas personas provenientes de diferentes pueblos, por eso la casa de esta mujer siempre estaba llena de gente.

Un día normal como todos, donde ella atendía a sus clientes, la misma comenzó a sentirse mal y posteriormente se dice que murió. Como mencionamos, algunas fuentes aseguran que la muerte ocurrió luego de que ella se transformara en serpiente producto del pacto que había hecho con el demonio, mientras otros aseguran haber visto con sus propios ojos a la mujer transformarse enserpiente junto antes después de morir.

Sea cual sea el momento en el que esto ocurrió, no podemos negar que se trata de un hecho sobrenatural sorprendente, que la ciencia todavía no puede explicar. Amigos de la mujer aún conservan su cuerpo y se dice que rinden culto al mismo como un tributo a quien fue en vida esta poderosa mujer.

La mestiza del Puerto de Veracruz

La mestiza del Puerto de Veracruz

Aunque en las demás líneas voy a referirme a la historia de la Mulata de Córdoba, he decidido titular este artículo de esa manera, con el fin de dotarlo de originalidad. Veracruz es un estado lleno de misticismo y magia.

La gente que allí vive es cálida y de gran corazón. Quizás por eso apareció en ese lugar una hermosa mestiza de piel oscura a quien los pueblerinos rápidamente le otorgaron el apodo de «la mulata».

Más pronto que lo que canta un gallo, la muchacha ganó fama y fortuna, pues se dedicaba a elaborar pócimas que curaban cualquier mal que pudiera surgir. Desde los más pequeños y simples de arreglar, como por ejemplo «el mal de amores» o enfermedades tremendamente nocivas.

Al paso de los años, la leyendas de mexico de terror, la fueron acompañando pues las personas rápidamente se dieron cuenta de que algo raro pasaba con la apariencia física de la mulata. Esto porque a pesar de que las décadas transcurrían, la chica se seguía viendo exactamente igual que la primera vez.

Por otro lado, no podemos olvidar que en ese tiempo, las autoridades eclesiásticas tenían un poder casi absoluto en la toma de decisiones importantes. Y para nada sería bien visto que una «santera» les robara a sus fieles.

Otra cosa que debemos mencionar es que de acuerdo con los registros históricos, el tiempo en el que se desarrolla esta leyenda es a mediados del siglo XVI. Dicho de otra manera, estamos inmersos en pleno auge de la colonia.

Varios individuos que le investigaron, se percataron de que en su casa pasaban cosas extrañas. Por ejemplo, por la noche, eran apreciables unas luces muy intensas (algo imposible de lograr con la tecnología de ese momento).

Muchos llegaron a pensar que la mulata tenía tratos con el mismísimo diablo. Luego de cientos de intentos por fin los enviados por la inquisición, lograron apresarla. Posteriormente, la trasladaron hasta la Ciudad de México, para que fuera juzgada en las oficinas centrales de la inquisición.

Los hechos acontecidos durante la estancia de la Mulata en presidio, los abordaremos en otra ocasión.

La leyenda del violín

La leyenda del violínHace años, mientras estaba comenzando la preparatoria, mi maestro de literatura me encargó que escribiera una leyenda mexicana corta.

Debo confesar que esa tarea no me dio ningún trabajo, pues conocía a la perfección la historia de la profesora Perla. Dicen que esa maestra era la persona más dulce y buena con la que te pudieras topar. Siempre tenía una sonrisa tanto para sus alumnos como para sus compañeros de trabajo.

Llevaba en el mundo del magisterio más de cuatro décadas ininterrumpidas. Los que la conocieron calculaban que tendría unos 70 años de edad. Al principio impartía las materias propias de un profesor titular (español, matemáticas, naturales, sociales etcétera), aunque con el correr de los años se fue especializando en otra disciplina; me refiero a la música.

Doña Perla tocaba el violín extraordinariamente, ya que en su juventud había sido enseñada por el profesor Pascualito Gutiérrez, muy famoso en Jalisco a principios del siglo XX.

Sin embargo, durante las clases de música, les enseñaba a los pequeños a tocar sencillas melodías en flauta dulce, pues es un instrumento económico y fácil de transportar.

Además de eso, se daba el tiempo necesario para interpretar alguna melodía clásica. Por ejemplo, estaban dentro de su repertorio las canciones de Agustín Lara, José Alfredo Jiménez y muchos más.

Desgraciadamente, una tarde de verano la muerte la sorprendió en su propia casa. Una de las hornillas de la estufa quedó mal cerrada, lo que provocó que el gas llenara gran parte de la vivienda. Cuando la maestra Perla encendió la luz, se creó la chispa que se necesitaba para que el lugar volara en mil pedazos.

Por otra parte, su violín que se había quedado en la sala de maestros, fue preservado tal y como estaba a manera de homenaje. No obstante, a los pocos días de que la profesora fue enterrada, se volvieron a escuchar las notas de ese pequeño instrumento de cuerda, sólo que nadie lo estaba tocando físicamente.

Eso nos demuestra que la música que llevamos en el alma, no muere sino que siempre acompaña a los que queremos.